Objetos al desierto
5/2/20262 min read


Las aspas giran lentas, muy lentas, pero muy lentas: tan lentas que pareciera que están quietas. No se mueven aunque sí. ¿O no? Giran a paso de caracol. Así es muy difícil saber si se mueven o no. Porque siempre uno de estos molinos de viento debe estar en movimiento. Siempre. No invento: si se detuvieran todos, de los millares que hay en este parque, habría que persignarse o brindarse a los caprichos de los dioses, pues sería el preámbulo del apocalipsis. Por eso miro ávidamente si se mueven las aspas o no; respiro aliviado al darme cuenta de que sí, se mueven, muy lentas, lentísimas, pero se mueven. El mundo sigue su curso. Entonces continúo hacia las ruinas de la comuna nómade; busco las parroquias, así llamaban a los invernaderos de Palan palan, la cosecha del elixir de los dioses del viento.
Es tan extenso el campo eólico que parece la llanura de China; o un tablero de ajedrez porque en un hemisferio está nublado y las torres aparecen oscuras, renegridas mientras en el otro, blancas, resplandecientes. Un pequeño país puede entrar en la estepa de energía; una hilera de molinos se recorta en el horizonte de nubes mientras los que están cerca de la ruta buscan el viento mezclado con un cielo celeste brillante. Llueve, por allá; por acá, hay un sol rabioso.
Al subir, desde el mar hacia la meseta, al salir trabajosamente de la gravitación marina, el nómada se encuentra con la cúpula de la desolación y de la redención. La deriva dirá qué será de él. Y sesenta kilómetros al sur, por la ruta del rock nacional de los años 70, me asombro ante cuatro objetos al desierto, cuatro enormes platos cóncavos que hace mucho ya, fueron dispositivos de comunicación satelital. El sol bate beat soul en su superficie de papel deslumbrante. Un papel de luz; luz en papel como una puerta en el desierto. Puerta que se abre para la deriva casi onírica. Luego, el sueño que anduvo por la estepa, se vuelve y la puerta como que se apaga porque no es una puerta como la de nuestras casas, son puertas de luz de papel o de papel de luz, algo así.
Los objetos en el desierto no fueron perdidos o abandonados: desestán. Son imposibles. Hallar alguno, en semejante inmensidad, es posible. Los objetos en el desierto vienen del pasado pero se encuentran en el futuro. Se me hacen imaginarios pero son demasiado reales.
Ediciones Esteparias
Silencios del Desierto
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